DESFILE CLAVE: JUANJO OLIVA

Un Oliva más maduro y realista que nunca mostró su colección más equilibrada hasta la fecha. Perfecto armonía entre un prêt-à-porter comercial y necesario que apostó por siluetas tributo a Balenciaga en las que los volúmenes sedujeron y las faldas pencil obligaron a las modelos a tomárselo con mucha calma… a pesar de que sonara el Whola Lotta Love de los Led Zeppelin. Sin embargo, en cuanto el juego deconstructivo de prendas de tweed (relleno con espuma para aumentar su volumen) y las camisas blancas dejaron de aparecer, surgió el momento cóctel más elegante visto en esta edición de Cibeles, inspirado por el vestuario de Greta Garbo en la siempre recomendable comedia Ninotchka. Naranja calabaza y lila Milka en un gazar superdenso destacaron, también los acertados little black dress, todo ello aderezado con los sombreros creados por Paola del Vas en plan muy Schiaparelli y las sandalias-bota de Jeff Bargues. El remate final lo pusieron esos looks de noche que sólo Oliva sabe crear en España (uno de ellos, superblack, acompañado de dos brazaletes diseñados por Karen Maya en latón y bronce bañados en oro y con piezas de cerámica esmaltada muy en la onda del estilo Elsa Peretti o Paloma Picasso). Al son de la versión minimal de piano de Behind The Wheel de Depeche Mode, Marina Pérez recorrió la pasarela con un vestido de terciopelo en amarillo mostaza que conseguía su volumen gracias a un minimiriñaque creado para la ocasión.

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