CÓMO SER LOS STROKES Y NO MORIR EN EL INTENTO

No se me ocurre un ejemplo más gráfico de cómo han cambiado los tiempos para las nuevas estrellas del rock que The Strokes. Nos fueron anunciados en 2001 como el grupo que venía a salvar el rock, aunque en realidad lo que hicieron fue fundar una nueva generación de bandas indie, que también hacen falta siempre.

El caso es que el 2001 fue de los Strokes. Sus dos primeros singles conmocionaron al mundo indie. La conmoción fue tal que tuvieron que sacar un álbum contrarreloj. El susodicho álbum, aunque en realidad sonaba casi como una maqueta, fue proclamado unánimemente como el colmo de lo moderno. Los Strokes, tenían las canciones, el estilo y el empadronamiento en Nueva York. No se podía pedir más.

The Strokes

Diez años más tarde, editan su cuarto álbum. El segundo y el tercero fueron apareciendo a lo largo de la pasada década un poco como a regañadientes. No exactamente a regañadientes si no a trompicones. Como hechos por un grupo que tenía que sobrevivir a un impacto que les había puesto en el estrellato antes de tiempo. Por supuesto, nunca lograron superar el listón de su propio debú, así que el quinteto se pasó los años siguientes pidiendo perdón por no ser tan buenos como se esperaba.

Crecieron bajo el escrutinio de fans y curiosos en internet; la verdad es que en eso, los pobres, también fueron pioneros. Ser una celebridad en tiempo real mientras medio planeta analiza lo que haces, lo que dices o lo que creen que has hecho o dicho es algo a lo que, hasta entonces, ninguno de sus predecesores había tenido que enfrentarse.

Se convirtieron en la cobayas de ese nuevo procedimiento gracias al cual, hoy, Lady Gaga es lo que es. El caso es que los Strokes, han tenido que darse un respiro de unos cinco años, dejar que cada uno de sus miembros haga lo que le apetezca y de rienda suelta a su creatividad. Una vez mitigados los malos rollos y con los egos más relajados, los Strokes han vuelto. El cañón de luz se ha vuelto a posar sobre ellos.

Se espera que hayan hecho algo bueno, interesante. El público, que cada vez muta más rápido, los espera. Lo que no está claro es exactamente para qué. Es muy probable que hayan hecho su mejor disco desde 2001 y también es muy probable que ese detalle ya le de un poco igual a unos fans que hoy son más mayores o han buscado otros ídolos que den más alegrías con una menor inversión de paciencia.

Paciencia, lealtad, memoria. Son tres términos que parece que ya no signifiquen nada cuando hablamos de gente que sigue a un grupo o a un artista. Es a eso, entre otra cosas, a lo que me refería al decir que los tiempos han cambiado para las nuevas estrellas de rock.

    También puede interesarte: