Morrissey ha terminado de escribir su autobiografía: 660 páginas, 200.000 palabras, que ahora mismo estarán ya sometidas al proceso de recorte, pulido y edición. Leyendo la noticia casi puedo escuchar la respiración acelerada de miles de fans rezando para que ese libro salga cuanto antes. No sé cuántas estrellas de la música pop pueden permitirse el lujo de escribir sus memorias y que la noticia sea un acontecimiento. El último caso destacable es el de Keith Richards. Una vida de novela que, con la ayuda de un buen profesional, es recordada, reconstruida y contada al gran público sin que nadie desfallezca al encontrarse con un libro más extenso de lo habitual.
Hace tres años, Morrissey anunció que iniciaba la escritura de este libro. Adujo que lo escribía porque estaba cansado de las mentiras que se habían contado sobre él. Por lo que avanzaba entonces, el texto se centrará en su vida profesional, pero así y todo, el morbo está servido, y él lo sabe. Morrissey es un maestro a la hora de presentar y controlar su imagen pública, mide muy bien lo que consigue con lo que no da, y también lo que le puede reportar si abre la mano. Es tan bueno en eso que al final dará igual lo que diga o lo que se calle, lo realmente interesante será oír su voz. Hay pocas voces tan potentes como las de Morrissey, al margen de lo que esta da de sí cantando. Cuando habla, se le escucha. Puede irritarte o puede seducirte, pero sus opiniones son extremas, inusuales y apasionadas. Su visión de la música, de la política, de la sociedad, de la vida en general, no es algo que te pueda dar igual. Reconozco que en la época de The Smiths me sacaba de quicio (es posible que en eso tuviera mucho que ver también la actitud militante de los fans) y que tardé en apreciar su talento extramusical. Hoy, leer una entrevista suya me parece un auténtico placer, a veces casi más que escuchar entero uno de sus álbumes en solitario.
Como Keith Richards, Morrissey es un artista con un fuerte componente literario. El primero es como un personaje escrito a medias por Dickens y Hunter S. Thompson; el segundo es como una síntesis entre autores y personajes de ficción. La mezcla entre Oscar Wilde, Truman Capote y a veces el John Kennedy Toole de La conjura de los necios. Lo de menos, insisto, es lo que decida contarnos, lo importante es cómo nos lo va a contar. No me extraña que Fabe & Faber le pidiera públicamente que contratara con ellos la edición del libro, ni que Penguin se plantee editarlo en su colección más prestigiosa. Morrissey ha escrito su autobiografía: tuiteadores y feisbuqueros del mundo, uníos, prestad atención y aprended.
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