¡Pero loca de verdad! Lo de Mischa Barton no tiene nombre cuando se trata de diademas. No importa el look, el momento, el estado de ánimo, la ciudad, el país, la hora, el tiempo meteorológico, el estado civil… si no se planta una en la cabeza no es feliz. Y claro, a veces quedan monas, pero en la mayoría de ocasiones pues… NO. Con ellas, Mischa insiste en apostar por una imagen hippy que no es creíble, que no es para nada auténtica. Si a esto le añadimos que la vida y obra de la señorita Barton es como una montaña rusa física y mentalmente hablando, pues el lamentable espectáculo está asegurado. Pasen y vean el festival de diademas imposibles (aunque alguna que otra se salva, ¿eh?).
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